La semana pasada, caía en mis manos una edición de ediciones sígueme de Carlos del Valle y al ojearla quedé admirado de la cantidad de preceptos/Normas/leyes que debían cumplir los judíos. 

La “mishná” es una obra de arte en toda regla, se trata de la codificación más antigua de la ley oral rabínica, predecesora al Talmud. "Recoge muchísimas de las tradiciones de las que se hacen eco también los evangelios y otros escritos cristianos" "y es indispensable para conocer al detalle muchos de los aspectos de la vida judía y que explican en buena parte las supervivencia del judaísmo, incluso en las condiciones más adversas"

Como prueba de ello, a continuación transcribo alguno de sus artículos.

 "Si una piel tiene ligada a ella tanta carne como la cantidad de una aceituna, quien tocare alguno de sus filamentos  que se desprenden...es impuro"

"Si el sumo sacerdote ungido tomó una decisión para sí mismo  erróneamente y, en consecuencia, actuó por error, deberá ofrecer un toro. Si lo hizo, pero obró con premeditación, o si lo hizo con premeditación, pero obró inadvertidamente, está absuelto..."

"Samuel, el pequeño decía: No te regocijes cuando cae tu enemigo ni te alegres cuando el tropieza, no sea que lo vea el señor, le parezca mal y retire de él su ira"

"Si dice a uno en la plaza ¿dónde está mi buey que robaste?, y aquel dice "No lo robé" y hay testigos que testimonian que lo robó, ha de pagar el doble. Si lo mató y lo vendió, ha de pagar el cuádruple o el quíntuple. Si aquel ve que los testigos van acercándose lentamente y dice "lo robé pero no lo sacrifiqué ni lo vendí. No ha de pagar más que su valor.

Seis son los órdenes que agrupan los diversos textos: Orden primero: Semillas (zeraim); Orden segundo: Fiestas (moed); Orden tercero: Mujeres (nashim); Orden cuarto: Daños (nesiqin); Orden quinto: Cosas sagradas (qodashim); Orden sexto: Purezas (tohorot).